por Francisco Javier Calleja Bernal
profesor de planta del departamento de contabilidad del ITESM Campus Ciudad de México
Las noticias sobre la situación actual del IMSS nos dicen que hay pérdidas acumuladas de miles de millones de pesos, que el número de derechohabientes disminuye lo que, aunado a las excesivas concesiones a los jubilados, le representa un negro futuro, se pronostican pérdidas cada vez mayores. Pero esta situación no es de ayer, tiene bastantes años de haberse iniciado.
A mediados de los años setentas el IMSS era una institución con excelente salud financiera y eso a pesar de que en su interior ya se presentaban serios descuidos. Auditado financieramente de modo escrupuloso lo que sus cifras mostraban era una realidad para estar orgulloso como mexicano.
Sin embargo, no había auditoría operacional y la ineficiencia administrativa se creyó que era logro sindical. Desde esa época era ya sabido que los empleados checaban su tarjeta al llegar a trabajar y salían a los alrededores de las oficinas a desayunar, lo cual generaba que las labores empezaran con un mínimo de una hora de retraso; a cierta hora de la mañana, los empleados almorzaban y no atendían a nadie; durante el resto de la jornada desarrollaban con lentitud sus labores, para justificar que se les autorizaran horas extras; los casos siguen y siguen. Para que el lector ubique la importancia de cuando menos uno de estos asuntos, un ejemplo: una empleada administrativa me explicaba que sólo las horas extras habían pagado sus dos viajes a Europa y en esa época ella no tenía ni diez años de antigüedad en su puesto.
A pesar de todo el IMSS era rico, pero siguieron dándose concesiones al personal. En realidad lo que faltó fue una posición gubernamental homogénea y esto generó que ciertos sindicatos obtuvieran más ventajas que otros y que la negociación con el gobierno se convirtiera en una suerte de competencia para ver quien lograba más, pareciera que se fijaron mínimos y no máximos. El caso del IMSS fue de los más altos, de cada diez prestaciones analizadas en siete de ellas sus trabajadores están por encima de PEMEX, CFE y otros organismos semejantes.
Reconozcamos que los aspectos administrativos han pesado demasiado y esto no debe ser, pero que, además, los aspectos sustantivos no funcionan ni remotamente bien aunque hay que hacer distinciones: las grandes intervenciones quirúrgicas son muy bien realizadas, pero la labor diaria, la consulta, por cierto a los más necesitados, es deficiente. Se habla de casi tres millones de personas que pudiendo afiliarse al IMSS no lo hacen por la falta de calidad de sus servicios. Cabría preguntarse: si la afiliación fuera voluntaria ¿ Cuántos derechohabientes quedarían ? ¿ Para cuántos trabajadores el IMSS no representa un lugar adecuado para ser atendidos ?
Además, hay grupos que fueron incluidos como derechohabientes pero que no contribuyen, tal es el caso de los trabajadores del campo y de ciertos estudiantes. Como puede verse se han tomado todas las medidas necesarias para que la institución vaya a la quiebra.
Es evidente que esto lo causaron administraciones anteriores, pero ahora es este gobierno y los que le seguirán, de cualquier partido, quienes deberán afrontarlo y resolverlo. Se creó el monstruo y alguien debe detenerlo, la política no ha permitido hacerlo en sexenios, tal vez sean las finanzas las que obliguen a solucionar el problema.