¿ Cómo puedo subir mi calificación ?
por Francisco Javier Calleja Bernal
profesor de planta del departamento de contabilidad del ITESM Campus Ciudad de México
fcalleja@itesm.mx
Podría hacerse una lista de situaciones de siempre en el aula, situaciones que los profesores debemos corregir o debemos procurar que no sigan presentándose, ya que implican precisamente la parte más importante de nuestro trabajo, es decir, que debemos educar en esos aspectos.
Hace algunas semanas leí un artículo del profesor estadounidense Kurt Wiesenfeld sobre una de estas cuestiones y me hizo reflexionar acerca de que las situaciones de siempre en el aula son universales y que así como en otros países suceden y se comentan, nosotros debemos hacer lo mismo.
El tema concreto son las calificaciones y la cada vez más extendida costumbre de algunos alumnos de reproducir el esquema siguiente: falta de compromiso, actitud displicente durante el curso, poca o nula entrega de trabajos, pobre participación, exámenes parciales mediocres y al obtener la nota final o estar muy cerca de ella, solicitar del profesor una "nueva oportunidad" o "una manera de subir su calificación", esto mediante un trabajo o una investigación especialmente diseñada para sacar a ese alumno del problema en que él mismo se metió.
No comparto la idea del profesor Wiesenfeld y de algunos colegas mexicanos, en el sentido de que los tiempos pasados fueron mejores y que los alumnos de hace treinta años eramos estoicos y recibíamos una calificación sin chistar. Creo que siempre se ha presentado más o menos la misma situación lo que verdaderamente ha cambiado es que ahora los alumnos están cada vez más influenciados por teorías de negociación, algunas de las cuales rayan en la inmoralidad (hace algún tiempo un conferencista se anunciaba en una prestigiada universidad mexicana con el tema "Cada persona logra lo que negocia, no lo que merece", con lo cual hubo un repunte, en esa institución, de alumnos que solicitaban nuevas oportunidades pretendiendo poner en práctica sus nuevos conocimientos), y de profesores novatos que creen ser clementes concediendo esa nueva oportunidad, ese trabajo extra o, incluso, esa reducción en el número de faltas computadas.
En todos los tiempos los estudiantes han buscado los caminos fáciles, pero nunca como ahora han encontrado un público receptivo de profesores dispuestos a allanarles el camino, pensando que tratan con sus clientes y no con sus discípulos. Sí creo que hace años cuando un alumno solicitaba algo a un profesor (conste que dije "algo" en términos generales) la actitud del profesor era de negarlo en primera instancia. Un director académico, amigo mío y formado en aquellas épocas, todavía les dice a sus colaboradores: a lo que me pidas de entrada te diré no y ya después lo pensaré. Incluso podría irse más allá y decir que el "no" era tan tajante que quitaba las ganas de volver a pedir algo. Lo grave ha sido que en vez de emigrar a un "no" más razonado y en el que convenzamos al alumno de los por qués de nuestra negativa, hemos caído en el extremo opuesto y a todo se dice sí.
Hay que reconocer que todo depende del profesor, ya que algunos se han mantenido en la vieja escuela (mi amigo el director académico es uno de ellos), otros han evolucionado a dar una serie de claras y adecuadas razones del "no" a los alumnos, pero hay un amplio sector de profesores y, no se me tome a mal, sobre todo de profesoras novatas que no resisten las súplicas y ceden.
A los alumnos razones no les faltan y van desde perder una beca, recibir un terrible castigo de sus padres, el agravamiento de la situación económica familiar y hasta la muerte (probablemente social), etc. Los profesores argumentan que debe considerarse al alumno en su totalidad, involucrarse en sus problemas, hacer excepciones, aplicar el criterio, etc.
También debe reconocerse que en la actualidad muchas cosas se han tornado más fáciles que antes. ¿ Por qué el mejorar la calificación no debe ser igual de fácil ? Con solicitarlo al profesor debe ser suficiente.
Pero no olvidemos nuestra responsabilidad, esta generación de alumnos es la que nosotros estamos preparando y probablemente la más reciente generación de jóvenes profesores también fue nuestra responsabilidad y, tal vez, nos equivocamos con ella, pasamos por alto galvanizarla adecuadamente y trasmitirle ese fino criterio, esa clara división acerca de lo que no es negociable, de lo que es punto de honor y no podemos conceder porque estaríamos haciendo un mal, creyendo hacer un bien. No cometamos ese error con esta nueva generación de alumnos, que mañana serán profesores.
Dice Séneca en "De clementia" que en el castigo hay que poner cuidado para no igualar al malo con el bueno. Paridad tal sería causa de caos y de corrupción. Tengamos en materia de clemencia, mucha serenidad para no originar el mal queriendo proceder con blandura.